Mostrando las entradas con la etiqueta Raúl Ricardo Alfonsín. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Raúl Ricardo Alfonsín. Mostrar todas las entradas

09 abril 2009

La libertad de prensa de Nelson Castro

"-Me gustaría escribir una película sobre Malvinas,
porque las que se hicieron hasta ahora son abyectas
-¿Y cómo sería?
-No sé..."
(Nicolás Kasanzew)



05 abril 2009

Un papanata, literalmente...




Lo único que le pidió el viejo fue que cuidara las instituciones, tenía al ex presidente a su cuidado y se le murió. Un tarambana, este Ricardo, a la final.

Hablando en serio, no pasó una semana que hasta el hijo ya se colgó del jonca del viejo, como se dice popularmente, cuando "todavía no se enfriaron, y ya se están probando los zapatos" del finado. Que era una forma de decir, una forma que los radicales volvieron literal.
Los radicales tienen esa capacidad, la de la literalización.
Uno dice "a ustedes no los van a votar ni cuatro", vienen estos tipos y no los vota ni cuatro de verdad.
Son terribles en eso.
Uno dice "sabés la de cometas que deben correr por el Congreso"... vienen éstos tipos y casi se filman perjudicando a los trabajadores a cambio de unos pesos que extraen con tarjeta de débito, y no conoce la leyenda de que pide extraer sumas múltiplos de 100.

02 abril 2009

Terremoto bailable


Che, me está preocupando un poco la cantidad de garcas que están saliendo de sus cuevas a raíz de la muerte de Alfonsín. Parecen una metáfora maligna. Ay, mama pulpa.

Raúl Ricardo Alfonsín

Uy, me tienen las pelotas hinchadas con Alfonsín.



Hay que avisarle a éstos "radicales" que quedan, desde los Moralez y Stolbizer, a repentinos repatriados como Cobos, y los casualmente reaparecidos -con la mano dura- como Ruckauf, que esas manijas de los costados, son para cargar el cajón... ¡y no para colgarse!


Ni quiero caer en la vieja especialidad de los mismos radicales "este viejo adversario, despide a un amigo"... -sí, claro, porque para algunos no hay mejor amigo que el contrincante muerto-, ni cometer la estupidez injsta de no reconocer la figura de Raúl Ricardo Alfonsín.


Así como es imposible dejar de celebrarle los juicios a las Juntas, tampoco se pueden perdonar las leyes infames de Obediencia Debida y Punto Final. Alfonsín, por ser el menos gorila de los radicales, se quedó con los votos de quienes lo privilegiaron ante lo más rancio de la derecha peronista. Supo conducir un tiempo y se le deben reconocer tanto aquel discuso en Washington como el Pacto de Olivos.


Lo más gracioso es que ahora la campaña a favor y los recuerdos más entrañables los tienen los mismos que antes fueron cómplices e ideólogos de los 13 paros y las presiones con la hiperinflación, que inmortalizaron a Saúl Ubaldini pero detrás de los que estuvieron los grupos de comunicación y lo peor del empresariado que después cogobernó el Estado menemista, volviendo a hacerse de ese Estado que ya habían sabido poseer con los militares. Ahora, toda esa mierda se quiere colgar del cajón del pobre Alfonso. (Si usted mira fijo por quince segundos la foto de arriba, verá como el pobre viejo se retuerce).


Alfonsin define cierto carácter político de los radicales, de buenas y tímidas intenciones, de una clase media aleccionada de pretenciones, que siempre fue a menos.

Raúl Afonsín desperdició un caudal político gigantezco por ir a menos, por tibio podría decir exagerando. Pero hay que decirlo, como también hay que decir que llevó adelante con bastante honestidad un cargo político para el que los argentinos debían con él volver a empezar a aprender. Quizás no fuera de su gusto, pero terminó en la Recoleta. Siempre lo mismo, los populares que no pueden, por ser "civilizados" antes que justos. Salud, Alfonsín, a sus buenas intenciones. Como estará la política argentina que usted se ha convertido en un prócer. Usted comprende. De Branca a Manzano, de Menem a Duhalde...


Vaya, descanse en paz, creo que a pesar de todo se lo merece. Dicen que quería ser recordado como una buena persona y parece que lo ha sido.




01 octubre 2008

Lanatismo en la televisión pública




Más allá del mal gusto humorístico del titulero de la televisión pública, quizás sea cierto que Alfonso es el "símbolo de la democracia". De la nuestra.
Igual, ¿no podríamos evitar la insistencia? Está muy bien, homenajiémoslo. Yo una vez lo quise. Pero que no sea simbolo, que sirva para criticarnos, no vaya a ser que se convierta en mito o en ficción orientadora de los jóvenes y cagamos la fruta.
Chicos, no lo charlen en sus casas si sus padres son gorilas*, busquen libros y vean un poco del alfonsín militante, después eviten mitificar lo que sabemos, otra semana santa trágica en que con las banderas que la televisión había llamado a embanderar el frente de nuestras casas nunca supimos qué hacer después de la obediencia debida y el punto final y muchos nos la metimos en el culo, porque al fin y al cabo se dice que la Bandera no se plancha pero nada se dice de qué hacer cuando alguien transige de tal manera que te la tenés que meter en el culo.
Así y todo, también traten de encontrar y conocer mucho del episodio aquel en que, en Washington, Don Alfonso guardó discurso y sin leer una mierda acomodó al mismísimo señor presidente de los Estados Unidos en su propia casa.
Como dijo un separador de Peter Capusotto "el rock puede ser eso, por eso lo queremos".
__________________
_
*Cómo detectar si sus padres son gorilas. Manual abrupto de cinco puntos.
1. Si suele repetir que con los militares estábamos mejor.
2. Si suele quejarse de algún profesional con la pregunta "qué te recibiste, ¿en Bolivia?"
3. Si cae habitualmente en el improperio aquel de que "acá tiene que venir un Franco, un Castro, un Mussolini, y a cortar cabezas...". A veces con el accesorio "y se termina la joda, querido, sss, acá falta conducta".
4. Si habitualmente suelen tener expresiones conocidas del tipo "a estos negros hay que matarlos a todos", "no sirven para nada", "son zurdos", "zurditos", "faloperos" (no incluye el uso de la expresión "falopa" por "de mala calidad, trucho"), "lo que pasa es que están todos drogados", "sos vos o son ellos", "están acostumbrados a que los mantengan", "viven del Estado" (escriben estado, con minúscula), "no les gusta laburar", "quieren lo tuyo", "se te meten en tu casa y no los sacás más", "acá hay que meter bala", "acá hay que meter mano dura", "No somos todos iguales", "¿ese no es mariquita?", "Son piqueteros", "esos paraguayos", "viven de joda", "Yo voy a laburar, no me meto en política", "yo hice el esfuerzo y los mandé a una escuela privada", "son montoneros", "acá hay derechos humanos para un lado solo", "esa Bonafini siempre estuvo loca", "piden para que los padres se compren vino", "no roban para comer", "esa gente -la que sea- no sirve", etcétera.
5. Si son tacheros, abogados, contadores o agropecuarios -no peones-, es probable que lo sean en un 95%, si son kiosqueros, periodistas, gestores o empleados públicos, en un 85%, si son médicos o similares, amas de casa o empresarios, en un 79%, si son jóvenes, en un 70%. (Aunque esto no quiere decir que deban alejarse ni un ápice se sus familias, quizás sólo entender sus limitaciones, reacomodar la perspectiva.)