Una curiosidad que tengo, ¿Carrió ya visitó a la familia de Carlos Fuentealba? Digo, como fue a visitar a los dirigentes detenidos, ¿a la gente procesada del Mocase, de Zapala, también la visitó...? ¿Fué a las casas o al barrio de Maxi y Darío, por ejemplo? Gorda petera...
Fuentealba, Kosteki y Santillán dicen sentirse amedrentados por el Gobierno, por la policía, por el Estado represor, por los políticos que asesinan a los que luchan por la igualdad de condiciones, por los políticos cómplices, por los poderes económicos, financieros, miserables... No se escucha bien.
Cuando Zappa dijo que las católicas la chupan mejor, juego doble contra sencillo, que nunca se le cruzó por la cabeza la imagen de Carrió.

Y, ya que estamos, esa publicidad de Cáritas en la que muestra el orgullo del pobre Ignacio, ciruja, que sale a juntar cosas tiradas y que a los órganos de recolección de la Iglesia eso se le antoja digno. Claro que son dignos, mucho más digno que un abusador de menores o que un cómplice de un sistema deliberadamente injusto y opresor.
Quizás el ciruja Ignacio se cague de frío pero sonría para la publicidad porque necesita de esa limozna del millonario, porque el hambre manda. A Dios gracias, también existe el pegamento o las pastillas vencidas y el alcohol adulterado, mucho más eficaces en el apoyo espiritual de los cirujas ignacios, que cierta Iglesia.
Algunas veces, lo que se metan les pegará mal y si la suerte está del lado del bien, asesinará inconcientemente, no a un cura de Cáritas ni a un político cómplice -niguno tiene la indecencia de pasearse de noche y sin seguridad- sino a otra alma perdida. Da lo mismo.
Hasta el día que la taba se da vuelta y la hipocresía empieza largar lágrimas de niños que se promete no hacerlo más
y busca refugio en Cohelo
o en Ari Paluch
para justificar que sigue prefiriendo
el barullo
a la ética.