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23 octubre 2008

Sin Triaca Triaca, no hay bang bang


Antes pensaba que era una pelotudez esa frase de proliferación popular que asegura que "todos los muertos son buenos".
Incluso cuando se la usa en tono irónico, recriminando a quien efectúa el movimiento tan natural y saludable de olvidar lo malo con el paso del tiempo.
Ahora le encontré una nueva gracia -también pava, seguramente- a la trampa que encierra la frase y que me obliga a coincidir en que Todos los muertos son buenos, la mayoría porque deja una cantidad de recuerdos buenos en un puñado de conocidos, y algunos otros porque dejan el recuerdo bueno del hecho de que se hayan muerto.
En el idioma autóctono que eligió alguien para denotar una suerte de simbolismo re
onomatopeyizado y así pretender llegar a las masas con un contundente mensaje de concientización y salubridad,
vaya nuestro mensaje, en el mes del 17,
a los representantes
que entregan a sus trabajadores
como carne de cañón
a que les den bang bang
que en criollo sería algo así como
que les entren como a un fontina.



22 julio 2008

Papel araña











Un viejo chiste, estilo cordobés, ponele que lo podría contar Luis Juez.
-¿Sabé como le dicen a Castell?
-No, cómo...
-Papel araña...
-¿Y por qué?
-Porque es el forro más usado
-...
-¿Entendés?
-Sí, pero es el forro más conocido
-No, más conocido son Buzzi y Cobos
-Ya sé, al remate del chiste me refiero, 'le dicen papel araña' 'porque es el forro más conocido'.
-ah, entonces ya lo conocías ¿?
-¿A Castells o a su chiste?
-...
-...
-¿y cuál es el forro más usado?
-Y, si el papel araña es el más conocido cómo no va a ser el más usado
-mje, ¿Sabés cómo le dicen a Castells?




01 mayo 2008

El piola, corte tinelli-menemista


RAE. piola 2º acep.
1. adj. coloq. Arg. y Ur. Simpático, de trato agradable. U. t. c. s.
2. adj. coloq. Arg. Astuto, listo. U. t. c. s.


"La palabra piolada no está registrada en el Diccionario".
Pero definámosla en su versión tinellística de su era más menemista, como "la astucia de jugar más sucio, de reirse del otro, de la última decadencia, de la versión psicomercantil de "vos estás adelante" y "tenés que ser egoísta" para ser piola y reírte con una cohorte de pelotudos que se ríen con vos y que legitiman la piolada, que en otro ámbito no sería juzgada más que como un acto miserable...


Me fuí, pero el diccionario diría más o menos eso.



Más allá de que el penal no fue y que prefiero mil veces que gane un equipo de Ramón Díaz -cuando no es cagón- que un equipo normal de Simeone, aunque duelan los colores, ¿quién mandó, después del entretiempo, a comerle la cabeza a Tuzzio? Silvera, Bergessio, diciéndole cornudo en el oído. ¿Qué es? ¿Una piolada? ¿Lo desconcentran del partido y no importa si ninguno tiene códigos?


Ah, cierto, lo dicen todos todo el tiempo, lo importante es ganar, ¿no? ¿Por qué no me la chupan Silvera y Bergessio y Ramón? Ojalá que en Núñez, River te coja y con gol de Tuzzio.


Aunque después River termine quedando afuera con Román, para que de una vez todos entiendan que no se puede jugar así, sin enganche, ni diez, ni nada. Que Simeone vaya a atender al público en una caja del banco Santander y ya que River no tuvo los huevos de traer al Bichi Borghi, que por lo menos vaya pensando, como muy acertadamente me espabiló mi amigo Sumbutrule, en Juan Ramón Carrasco.


Maual: Es preferible cornudo que rata.
Diccionario: "Corte". en su acep. de Dícese, en las vill. Arg., de todas aquellas características que perfilan -acompañan la palabra acariciando su mandíbula con los dedos pulgar e índice, de manera descendente- al tipo de persona del que están hablando.
Ejemplo. "El chabón era así, corte garca canchero, que se hace el gato, pero nunca va a pagar. Corte menemista, corte Tinelli, vite. Un fenómeno, pero mejor olivamos, ntendéh".

18 diciembre 2007

Carlos (el de la casita corta y los huevos largos)

Hoy publicó Ambito una nota de MENEM, que está vivo, y que dice barbaridades, las que tengo que copiar todas no porque sean importantes, sino porque, como ustedes saben, los gorilas de ese diario te hacen poner una clave.

Las valijas chavistas consolidan aislamiento y dependencia del país
Por: Carlos Menem

Ex presidente de la Nación

Las noticias que llegan desde Estados Unidos a raíz de una investigación del FBI y del Ministerio de Justicia de aquel país han puesto nerviosas a las máximas figuras del gobierno. Esas noticias no deberían sorprender: reflejan algunas consecuencias de políticas practicadas sistemáticamente desde mayo de 2003. En el instante mismo de asumir la presidencia cuatro años atrás, la familia Kirchner puso el escenario, los reflectores y los equipos de sonido a disposición de la dupla constituida por el comandante Fidel Castro y el coronel Hugo Chávez para que pudieran desplegar su histriónica propaganda y su acción política en territorio argentino.

El venezolano Chávez, embriagado con barriles de renta petrolera, se considera con derecho a intervenir en la política de los países sudamericanos y en la Argentina lo ha hecho con la anuencia del gobierno y la complicidad de muchos dirigentes oficialistas.

Que con dineros extraídos al Estado venezolano haya financiado grupos de activistas, campañas políticas y candidaturas presidenciales en nuestro país reviste una alta gravedad institucional que no se puede ocultar, so pretexto de patriotismo, atacando a quienes ofrecen las pistas reveladoras. La manipulación ilegal de fondos, el lavado de dinero, el ocultamiento no son precisamente métodos de transparencia política ni contribuyen a mejorar la calidad institucional. En verdad, si hay algo que hoy perturba tanto esos altos objetivos como las buenas relaciones entre los países de América es el comportamiento de Chávez y de sus amigos, que alientan divisiones tanto entre naciones hermanas y vecinas, como en el seno de los propios países y, mientras fatigan con interminables discursos sobre la unidad continental, obstruyen y obstaculizan procesos concretos de integración y progreso americanos como el que impulsamos decisivamente en la década del 90.

Hoy resulta evidente para los argentinos y el mundo que el nuevo período presidencial que se inauguró en nuestro país el lunes 10 de diciembre ha enterrado todas las promesas electorales de «cambio» y las reemplaza por el continuismo: la señora de Kirchner no sólo quiere mantener contra viento y marea su amistad con Chávez y sus petrodólares, sino que gobierna con el mismo personal que su esposo, con las mismas ideas y aplicando los mismos instrumentos de los últimos cuatro años. Que nadie se declare sorprendido si los resultados que obtiene están en la misma línea (aunque con mayores signos de deterioro).

Con esas políticas hemos cosechado el aislamiento internacional, la inflación creciente (un «logro» en el que competimos con Chávez), la crisis energética (que es la consecuencia de la total imprevisión y de la falta de inversión en infraestructura), los índices de inseguridad, delito y narcotráfico más altos de la historia argentina y los más notables avances de la corrupción (con dólares sospechosos escondidos en valijas voladoras y bolsas olvidadas, casos como Skanska y los enormes sobreprecios de la obra pública o la persistente incógnita sobre los fondos de Santa Cruz, para citar sólo algunos ejemplos).

Culpas Los funcionarios, cada vez que se mencionan esos desdichados logros, culpan al mensajero, se envuelven en la bandera o maldicen un pasado cada día más lejano (en el que, por otra parte, ellos tuvieron alguna participación). Frente a este panorama de devastación, haría falta producir un drástico cambio de dirección. Trabajar para la reinserción internacional de la Argentina, fortalecer la relación con Brasil, trabajar para la consolidación del Mercosur; resolver rápidamente, mediante el diálogo y la negociación, los problemas creados con Uruguay; restablecer la asociación con Chile, garantizando el abastecimiento de gas; reanudar los vínculos estratégicos con Estados Unidos y los demás países del mundo desarrollado, y realizar una fuerte apertura económica y comercial hacia China y los demás países del continente asiático.

Hay que terminar para siempre con la difamación permanente contra los adversarios políticos y con el ataque sistemático a las instituciones fundamentales y fundacionales de la Nación, como son la Iglesia Católica y las Fuerzas Armadas. Y hay que liberar de una buena vez a la Argentina de la enfermiza dependencia de los petrodólares y los delirios de Chávez.

03 octubre 2007

Aaaquíiii Chorríiiiin


Para mí que lo que muchos no le perdonan, con todo respeto, es que se haya choreado, en connivencia con otro reconocido chorro, su capitán, Carlos Menem, no sé cuánta plata, indiferentemente de dónde venga. Creo que es más un problema penal que uno genérico o de Unitarios y Federales. Con todo respeto, pero no se haga el pelotudo.