09 abril 2008

La batalla del relato

No es un buen momento para retomar los post.

Nunca llegué demasiado a tiempo en mi vida. Los hermanos de mis amigos que tenían hermanos mayores me cargaban por la lentitud que tenía al llamar a sus hermanos por teléfono. En séptimo grado, ante la ausencia de una maestra me “repartieron” junto con el resto entre los diferentes grados que sí tenían maestros, hasta que se hiciera la hora. Yo elegí primer grado, porque estaba mi señorita Alicia, de mi primero, segundo y tercero. Nos recibió indicándonos que ayudáramos a los chicos y a mí en particular me dijo “vos sentate acá con Nahuel, es medio lento como vos”. Empezaba la generación N, inmediato precedente de la generación Y de los Jonathan y las Yaninas y las Yésicas. Sigo siendo lento. Pero no fue por eso que fuime impedido en uno de los momentos más jugosos de la historia.

Ya pasaron los sucesos más sorpresivos (¿?) del encontronazo “entre el Gobierno y el campo”. Desde el primero y cada uno de los días, putié a la puta oligarquía. Religiosamente. Si en lugar de putear hubiese tomado una pastilla, me hubiese muerto de una sobredosis.

Una de mis compañeritas de trabajo, quizás la representante del sexo femenino más “progresista” de cierto ámbito judicial que frecuento, opinó que D’ Elía “es un impresentable”. Seguí puteando.

El canal de noticias del programa TN agro, armó un especial, casi una clase magistral o un máster sin la Universidad Di Tella, acerca de cómo se manipula la opinión y como se segrega a viva voz, sin que nadie, ni el INADI, esté capacitado para interpretar algo de su área. La oposición ya no golpea las puertas de los cuarteles, hace sonar celulares y I-Phones, y organizan por mail a la nueva militancia, pacífica en la plaza y algo más violenta en las rutas y las góndolas.

Fue algo así como el intento de una nueva marcha de Blumberg, aunque sin Blumberg ni ningún irresponsable que devele en minutos que es otro trucho. Eso está a punto de fallar. Hoy El Cronista se dio cuenta de que Alfredo De Angelis puede ser el nuevo Blumberg.
Quizás ya tengan una radiografía del productor piquetero que ahora ya tiene todos los dientes, pero no deja de ser un riesgo. Porque la batalla por el relato tiene las mismas características que todas las batallas del capitalismo. El relato es un bien que se produce con los medios que ostenta la runfla oligarca que manda en este país hace tanto tiempo. Pero el riesgo de que el diente o alguna barbaridad salga escupida en vivo de la boca de De Ángelis está latente. Manejan el pasado, pero el “vivo” –no me refiero a quien imaginó toda esta movida, sino a la televisación en instantáneo con la filmación- no es tan manejable. Porque en algún momento va a tener que hablar De Angelis en vivo.

La lucha de clases está tan oculta en el discurso de la puta oligarquía, como presente en sus conciencias. Para el resto es exactamente al revés. Incluso para la “izquierda” institucional. Ahí me pareció valiosa la “irrupción” de D’ Elía en la Plaza. La “irrupción” de D’ Elía en los medios. Odio a la puta oligarquía. Ellos dicen del otro, que irrumpe.

Soy padre de cinco hijos, cada uno una frustración personal, cada uno recibido con carencias, y siempre una y otra vez fueron los mismos, la puta oligarquía. (Fernando Peña es oligarca por tradición y por funcional, pero no es el problema. O sí.) Ahí está El Cronista, que hoy le parece “riesgoso” que suban los salarios un 24%. ¿Por qué? ¿La tienen que repartir? ¿Eso no es el relato de una puja entre ambos lados, estando al servicio de uno? ¿A quién le están hablando?

Por otro lado, la postura del nuevo progresismo pelotudo es no estar ni con el campo, ni con el Gobierno, ni con los oligarcas ni con D’ Elía. No entienden ni a uno ni a otro. Se quedan al resguardo. Si D’ Elía te parece impresentable, primero deberías preguntarte ante quién tenés intenciones de presentarlo. La gente de bien ha perdido todo sentido moral –algún amigo diría “gracias al psicoanálisis”- pero utilizando la treta contra el azar que enseña hoy Paenza en la contratapa de Página, tengo que A (la oligarquía con el apoyo de esta gente de bien, clase media facha, conciente o inconciente): tiene un presupuesto del 89 por ciento de agachadas contra la clase baja. B (la clase baja tiene un 24 por ciento de agachadas contra sí misma), Z (número imaginario porque no conozco mi presupuesto, pero sé que quiero las menos agachadas posibles). B < A = Z

Yo soy lento, pero sintetizando, con Paenza en la cita apócrifa o sin nadie, no es difícil darse cuenta por dónde agarrar.

Y si cuesta hay que preguntarse por qué. ¿Cómo puede ser que nadie serio haya tenido oportunidad de elaborar un pensamiento a favor de D’ Elía? ¿Es posible que no haya nadie? Es sólo un ejemplo, pero ¿no estarán todos aterrorizados porque ya saben quién es y fue siempre el dueño del relato? Al mejor cazador se le escapa la liebre con estos medios de la democracia. Y sería una picardía que se pase este momento en que al menos una posibilidad de discusión nueva saltó la barrera del show mediático barato. Allí los diarios se alistaron en una miserable mayoría al lado de los mismos de siempre. Canales de cable hablaron de “vías de escape” ante la manada que iba a la Plaza, muchos porque no son lentos como yo. Y muchos del lado opuesto del receptor de aquella noticia. Otra vez, el relato de una puja, claramente de parte de uno de los lados.

Nunca llegué demasiado a tiempo en mi vida y este post lo confirma a la vez que evidencia que no hay que ser rápido para saber de qué lado estar. Los chinos y Samaranch siempre van a estar del mismo lado. Porque los Samaranch siempre están del mismo lado. Y esa es la puta oligarquía. Y Macri con su mails y sus negocios y la prohibición del mate y las prendas rojas –algo de Walt Disney tenía que tener esta rata-. Y Clarín Dios del Universo, a favor de la libertad, siempre y cuando no sea puertas adentro. Y Grobocopatel. Y Álzaga Insué. Y Pergolini y Grondona y Sobisch y López Murphy y Elisa Carrió y Jorge Bergoglio y Crítica de la Argentina –qué picardía- y Federico Pinedo y la renga Michetti y Bullrich y Joaquín Morales Solá y Duhalde y Uribe y todo el bendito pueblo argentino que odia a D’ Elía por negro, gordo o intempestivo, incluso a los policías que asesinaron a un compañero y casi les quema la comisaría.

En fin, esta puede ser la fundación de la OVALPO (odio visceral a la puta oligarquía). Volví melancólico. Buenas. Así se vuelve, punk, sin ni una imagen y una lluvia de escupidas.-

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Menos mal que volviste, menos mal...

DEB dijo...

Me alegro que estés, aún melancólico....

Peralta dijo...

Siento orgullo de entrar a este blog,amigo. Bienvenido otra vez (antes se lo puse, en un post que en realidad es posterior a éste, yo también soy meido lento, más bien pelotudo diría)